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El clave es un instrumento musical con teclado y cuerdas pulsadas (como el arpa y la guitarra, y no golpeadas (percutidas) como sucede con el clavicordio y el piano).
Probablemente derivó del salterio griego (psalterion).
Su estructura básica es un teclado en el cual, al presionar cada tecla, una púa de pluma de ganso (llamada plectro) tira de la cuerda correspondiente para producir una altura determinada (nota). Es un instrumento que ha sido desplazado debido a su incapacidad para hacer modular su intensidad (el volumen del instrumento no varía aunque sus teclas se opriman suave o fuertemente), razón por la cual su timbre es monótono.
El clave (harpsichord, clavecín, clavicémbalo, clavicímbano, gravicémbalo, espineta, virginal o muselaar) no se debe confundir con el clavicordio (en inglés clavichord), de intensidad muy inferior y con capacidad de variar la intensidad de acuerdo a la fuerza de opresión de sus teclas.
El clave, muy popular durante el barroco, fue cayendo en el olvido, y la mayoría de las piezas escritas para él empezaron a ser interpretadas en el nuevo piano. A fines del siglo XIX y principios del siglo XX el instrumento fue revivido en parte gracias a la pianista y clavecinista Wanda Landowska, quien fue la primera profesora del instrumento en tiempos modernos, y no sólo interpretó antiguas obras escritas para el instrumento, sino que también comisionó obras nuevas de diferentes autores, entre ellos Manuel de Falla.
El clave, junto con el clavicordio (su pariente lejano de la misma época) es el antecesor directo del piano o pianoforte. La principal diferencia entre ambos instrumentos radica en su forma de hacer vibrar la cuerda que produce el sonido, que es dos octavas superior al clavicordio.
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