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Aline de Lima. Aline de Lima, realmente no viene desde Lima, Perú, sino de Caxais, Brasil – a pesar que es tan nativa como una india quetchau. Es una nativa de su tiempo, la edad de viajes globales, la Red y pluriliguismo. Aline nació en 1978 en la frontera entre Serrato, el mitológico y seco desierto del Brasil interior, y la verde Amazonia, el pulmón del planeta. Como una niña reflexionaba sobre las líneas de palmeras, flacas, felinas, fecundas, con sus hojas estirando al cielo. Hay sitios peores para estar. El hecho de que haya aprendido a hablar perfectamente ingles, francés y sueco, y grabar su álbum de debut en Nueva York, es una incidencia en las realidades geopolíticas de su nacimiento. Aline de Lina nació en el estado de Maranhao, una de las cuñas de cultura popular brasileña que estuvo durante un tiempo bajo control francés. Bumba meu boi (bailes apis que habla de la muerte y la resurrección de un buey), quadrilhas (bailes campesinos inspirados por los quadrilles franceses), carnavales amables, practicantes místicos de Candomblé; eso era durante el siglo XXI, el capital estatal Sao Luis, llamada la Atenas de Brasil. Aline de Lima escribe música cuyas origines vienen profundamente de esta tierra. Su padre, un fan de la samba con ideas nacionalistas del sur, trabajó en un banco y su madre, que fue profesora, era fan de Maria Bethânia y Chico Buarque, dos poetas de la Música Popular Brasileña que durante los años 1964 a 1982 nunca fueron acallados por las dictaduras militares. No está tan segura porque le llamaron Aline, aunque tiene sus sospechas: alrededor del tiempo de su nacimiento hubo un cantante francés quien tuvo un éxito que incluyó las palabras “Et j’ai crié, crié, Aline…”, un error pequeño en la versión brasileña hizo que fuera lanzado como “Aliné, Aliné”, con el acento francés – y la joven Aline se sonrojaba y se escondía cada vez que lo oía. Por mucho tiempo Aline de Caxias guardaba un amor secreto por el canto; unas añoranzas que sustituía con el dibujo. Pero a escondidoas de todos, Aline cantaba. A decir la verdad, la combinación de un pastel y las primeras notas de Cumpleaños Feliz eran suficientes para hacerle llorar. Se refugiaba en la soledad y la pequeña Aline se cantaba canciones infantiles a su misma, “Atirei o pau no gato, to, to…” (Tiré un palo al gato, gato, gato…). A la edad de cinco años, Aline actuó disfrazada como una cigarra, con una guitarra pequeña, a lado de sus amigos disfrazados como hormigas. Y, un día en 2001, cuando ya no vive en Maranhao, tomó la decisión de ser cantante. Para ella creó su propio estilo al hacer arreglos musicales a poemas que había escrito en Estocolmo desde su llegada en 1988; mediante ello y las lecciones de canto que tomó, fue recogiendo de la historia y métodos de música popular brasileña. El arreglista y saxofonista francés Frank Chatona, colaboró en la parte musical. Para entonces, Aline, la morena, ya vivía en Paris. Entonces escribió Terra, inspirándose en Cançao do Exilio por Gonçalves Dias, un poeta importante y campeón de derechos indígenas, que había nacido en 1823 cerca de Caxias: Mi tierra tiene muchas palmeras, en las que cantan los petirrojos / Las aves que aquí nos cantan no cantan como los hacen allá abajo. Su primer disco, y sus actuaciones en directo han hecho de Aline de Lima una experta en las maneras de la música popular brasileña. Ella escribe canciones de amor, melancolía, fe, trocitos encantados: alegres y divertidos frevos, canciones de nostalgia, saudade; probando de dar forma a detalles que parecen sin importancia, que parecen momentos pasajeros de tiempo. Por eso canta Septembre en francés con solo un violoncelo y un piano. Sus canciones rezuman una sensibilidad de bossa nova, con los más suaves ritmos carnavalescos. Canta como si te estuviera explicando un secreto, y con una voz llena de encanto aunque a la vez con una fragilidad desconcertante. Ahora ya no es una niña disfrazada de cigarra quién canta por instinto; ahora son canciones hechas por una mujer y cantadas por una mujer.
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